Que el PP lleve a Europa la defensa de los profesionales de la seguridad no debería sorprender a nadie, pero sí debería hacernos pensar. No porque sea una iniciativa tardía —que lo es— ni porque se intente ahora —mejor ahora que nunca—, sino porque resulta incomprensible que todavía estemos discutiendo algo tan básico como el riesgo real de estas profesiones.
