Lo que ha ocurrido en la frontera no es una sorpresa, aunque sí un aviso serio. Las últimas borrascas solo han hecho visible lo que llevaba tiempo escondido a la vista de todos: una valla agotada, vencida por los años y sostenida más por parches que por una estrategia clara. Cuando varios tramos se vienen abajo con la lluvia, el problema no es el temporal, es el abandono.
