Ya iba siendo hora. Hora de dejar atrás los papeles eternos, las excusas técnicas y los “está en trámite” para pasar, por fin, a los hechos. La presentación del proyecto de regeneración de Miramar y de la nueva ermita del Carmen no es solo una buena noticia: es un pequeño alivio colectivo para una ciudad que llevaba demasiado tiempo esperando.
