No queremos dinero por la invasión, sólo queremos que se expulse de nuestra ciudad a todos los invasores.
No queremos dinero por la invasión, sólo queremos que se expulse de nuestra ciudad a todos los invasores.
El Gobierno de la Nación anunciaba ayer que había habilitado nuevas plazas de atención humanitaria en Ceuta en diferentes dispositivos temporales, también para mujeres con niños, con lo que ya son 3.300 las plazas disponibles, según adelantaban fuentes del Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones.
Este domingo se cumple un mes. Treinta días desde que Ceuta quedó desbordada por una entrada masiva de personas procedentes de Marruecos y treinta días en los que los ceutíes han tenido que soportar una situación extraordinaria que ha alterado la convivencia, tensionado los servicios públicos, golpeado a la economía y provocado una sensación de abandono que resulta difícil de explicar en un Estado que se supone presente en todo su territorio. Un mes después, la pregunta sigue siendo la misma: ¿dónde ha estado el Gobierno de España?
Hay momentos en los que las cifras dejan de ser simples estadísticas y se convierten en una llamada de auxilio. Lo ocurrido en Ceuta durante las últimas semanas es uno de ellos. Los 33 millones de euros de pérdidas calculados por la Cámara de Comercio dibujan una realidad que debería sacudir a todas las administraciones: el tejido productivo de la ciudad está sufriendo un golpe de una magnitud extraordinaria y todavía no se vislumbra con claridad dónde estará el límite.
Mañana se cumplen treinta días desde que Ceuta sufrió una crisis migratoria sin precedentes y, un mes después, la sensación que queda en la ciudad es demoledora: el Gobierno de Pedro Sánchez ha llegado tarde, mal y a remolque de los acontecimientos. Treinta días después, miles de inmigrantes continúan en Ceuta, condicionando la vida de los ceutíes, mientras el Ejecutivo sigue dando la impresión de no haber entendido todavía la verdadera dimensión de lo ocurrido. Un mes entero para reaccionar. Un mes entero para improvisar. Un mes entero para mirar hacia otro lado.