El puerto de Ceuta vive un momento decisivo. Por un lado, los continuos cambios en la línea Ceuta–Algeciras —barcos sustituidos, incidencias, cancelaciones— castigan a los residentes y dañan la imagen turística de la ciudad con sus precios. Cada retraso no es solo un problema logístico: es una barrera más para quien quiere visitar Ceuta o simplemente salir y entrar con normalidad.
