Un aumento del 600% en la entrada de inmigrantes en apenas un año no es una cifra cualquiera: es un terremoto. No hablamos de una subida gradual ni de un fenómeno puntual, sino de un salto descomunal que cualquier sistema, por sólido que sea, tendría dificultades para absorber. Pretender que algo así se puede asumir sin consecuencias es, como mínimo, ingenuo.
