A veces, en política local, lo más raro no es que haya desacuerdos, sino que alguien se atreva a ejercer la oposición de verdad. Durante demasiado tiempo la sensación ha sido la de un tablero donde casi todos juegan con demasiadas cautelas, midiendo cada palabra para no molestar demasiado. Por eso sorprende —y en cierto modo se agradece— ver a un partido dispuesto a señalar irregularidades y exigir explicaciones sin mirar antes a quién puede incomodar.
