Durante generaciones, quizás desde el diecinueve. Pero ya antes en cierta medida. Muchos aprendices de escritores y artistas iban a la Villa y Corte de Madrid.
Durante generaciones, quizás desde el diecinueve. Pero ya antes en cierta medida. Muchos aprendices de escritores y artistas iban a la Villa y Corte de Madrid.
Entre el 30 y el 31 de julio, entre 50.000 y 80.000 personas cruzaron de forma irregular la frontera de Ceuta en menos de 48 horas, según las cifras que han manejado el Gobierno central, el Ejecutivo ceutí en su recopilación de fuentes internacionales. El balance oficial de fallecidos se sitúa en 77, elevado desde una cifra inicial de 75; la ONG Caminando Fronteras, con dos décadas monitorizando estas rutas, cifra en 141 los muertos totales, con 63 cuerpos recuperados en aguas marroquíes. Ningún dato de este artículo es una estimación propia: todos proceden de fuentes oficiales o de organizaciones especializadas citadas expresamente.
Estos días circulan por TikTok, Instagram y WhatsApp vídeos e insultos dirigidos contra vecinos de Ceuta que se encontraban de vacaciones en Marruecos, con mensajes que llegan a amenazar con agredirlos si los ven por la calle, según ha documentado la prensa local. La excusa que se repite en esos vídeos es que los ceutíes "trataron mal" a quienes cruzaron la frontera durante la entrada masiva del 30 y 31 de julio. Es una acusación que no resiste el contraste con los hechos: mientras se difundían esas imágenes de tensión y enfrentamientos en el espigón, también hubo, y muchos, ceutíes que abrieron sus casas, repartieron agua y comida, y ayudaron a personas exhaustas y asustadas que llegaban tras cruzar el Estrecho a nado o hacinadas entre miles de personas. Reducir a toda una ciudad al peor momento de unos pocos, mientras se ignora a quienes sí ayudaron, no es informar: es fabricar un enemigo.
Hace unos días escribía que, por encima de cualquier sigla, estaban la calle y nuestra gente. Lo sigo creyendo con más fuerza que nunca.
Llevamos años diciéndolo desde aquí, desde esta ciudad de la que ningún gran medio de Madrid o Barcelona se acuerda salvo cuando hay cadáveres que contar. Esta semana, tras la incursión masiva de decenas de miles de personas por el espigón del Tarajal durante el jueves y el viernes con un balance de al menos 67 fallecidos confirmados en el lado español, según fuentes oficiales recogidas por la prensa, y estimaciones no confirmadas de la Asociación Marroquí para los Derechos Humanos que elevan la cifra hasta 130 si se cuenta el lado marroquí, Ceuta ha vuelto a ocupar las portadas nacionales. Durante meses, durante años, nadie preguntó por el vacío regulatorio de nuestras competencias autonómicas, por el estado de nuestros servicios sociales, por el 42,2% de tasa AROPE que nos sitúa entre los territorios más empobrecidos de España. Ahora, con Estados Unidos elevando su advertencia de viaje a nivel 3 y la Unión Europea convocando una reunión urgente de ministros de Interior, Ceuta es noticia. Pero es noticia como decorado de una tragedia, no como ciudad con problemas estructurales que merecían atención mucho antes de que hubiera que contar muertos.