Veintitrés agresiones sexuales en apenas un mes. Cinco de ellas, violaciones. Nueve víctimas, menores de edad de entre 14 y 17 años. Son cifras que deberían estremecer a cualquier sociedad y provocar una respuesta inmediata de todas las administraciones. No son estadísticas, ni pueden convertirse en una cifra más dentro del enorme listado de consecuencias que está dejando la entrada masiva de inmigrantes en Ceuta. Detrás de cada número hay una víctima, una familia y una vida que puede quedar marcada para siempre.