La jornada de este lunes en la Asamblea ha sido, por decirlo suavemente, un auténtico circo. Se ha dado el primer paso para aprobar el presupuesto de la Ciudad para 2026, un trámite que debería ser serio, transparente y orientado al bien común. Pero aquí seguimos, entre gestos grandilocuentes, silencios calculados y un guion que todos conocemos de memoria.
