Es curioso cómo, dependiendo del año, una estación llega antes o después, a veces se adelantan y otras se retrasan pero siempre están ahí, dándonos lo mejor de sí. A mí personalmente este cambio de estación me trae algo más, un regalo divino que debería ser inmortal, al igual que el resto de los mortales desearían para la suya.
