El Parlamento Europeo ha decidido dejar de financiar campañas que promuevan el uso del velo islámico, y, sinceramente, ya era hora. Era una auténtica contradicción que desde las instituciones europeas, que tanto alardean de defender la igualdad y los derechos de la mujer, se estuviera destinando dinero público a normalizar un símbolo que, en muchas partes del mundo, representa justo lo contrario: sumisión, control y desigualdad.