Lo de José Luis Ábalos no es una anécdota, es un síntoma. Mientras miles de españoles sudaban la gota gorda durante una pandemia, él se inflaba a dietas públicas que multiplicaban por cuatro su sueldo oficial como ministro. Más de 87.000 euros en dos años en concepto de “indemnización por residencia” para alguien que ya vivía en Madrid. ¿A quién pretende engañar este señor? ¿A nosotros o a sí mismo? Lo suyo no fue servir al Estado, fue servirse de él.