Hay algo profundamente hipócrita en el espectáculo de las ONG cuando llega una crisis migratoria: España es siempre el malo de la película. El Gobierno español es señalado, las instituciones son acusadas, se exige dinero, medios, recursos y derechos para quienes llegan, pero de Marruecos, curiosamente, se le escucha mucho menos. Y eso resulta llamativo cuando hablamos de un país que utiliza desde hace años la presión migratoria como una herramienta política frente a España. ¿Dónde están las pancartas, las ruedas de prensa y las grandes campañas internacionales contra quienes permiten que miles de personas se jueguen la vida intentando cruzar una frontera?