Mi Rincón
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Marruecos parece haberse convertido para Ceuta en el país de las tres «M»: moscas, mierda y miseria. Y lo peor es que algunas de esas «M» ya no se quedan al otro lado de la frontera. Cruzan. Llegan a nuestras playas, a nuestras calles y a nuestros espacios públicos, mientras aquí seguimos discutiendo si podemos decir en voz alta que estamos hartos de soportarlo.

Marruecos parece haberse convertido para Ceuta en el país de las tres «M»: moscas, mierda y miseria. Y lo peor es que algunas de esas «M» ya no se quedan al otro lado de la frontera. Cruzan. Llegan a nuestras playas, a nuestras calles y a nuestros espacios públicos, mientras aquí seguimos discutiendo si podemos decir en voz alta que estamos hartos de soportarlo.

Porque una cosa es la solidaridad y otra aceptar como inevitable que Ceuta tenga que asumir las consecuencias de un país incapaz de ofrecer una vida digna a buena parte de quienes terminan intentando cruzar la frontera. Personas durmiendo en playas, residuos abandonados, problemas de higiene, situaciones de insalubridad y una presión migratoria que parece no tener final. Y mientras Ceuta aguanta, Rabat mira hacia otro lado.

También resulta difícil entender que quienes llegan permanezcan durante semanas en una ciudad que no tiene capacidad infinita para atenderlos. Se habla de frío, de lluvia, de menores, de personas que pasan la noche a la intemperie. Todo eso merece una respuesta humana, sí. Pero también merece una respuesta política: ¿hasta cuándo y a costa de quién? Porque Ceuta no puede convertirse en la sala de espera permanente de los problemas de Marruecos.

Y mientras tanto, las administraciones españolas siguen poniendo parches sobre un agujero cada vez más grande. Limpian, trasladan, alojan, atienden y vuelven a empezar. Pero nadie parece dispuesto a exigir con la contundencia necesaria que Marruecos controle su frontera, asuma responsabilidades y deje de utilizar la presión migratoria como una herramienta que termina pagando esta ciudad.

Ceuta está cansada. Cansada de que algunos confundan solidaridad con resignación y de que denunciar la suciedad, la insalubridad o la saturación parezca convertir automáticamente a quien protesta en un monstruo. No. Se puede ayudar al vulnerable y, al mismo tiempo, exigir orden. Se puede respetar al inmigrante y reclamar responsabilidades a Marruecos. Y se puede decir, sin complejos, que Ceuta no está dispuesta a convertirse en el vertedero de los problemas de nadie.

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Ceuta, Lunes 07 de Septiembre del 2026

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