Hay una especie que abunda cada vez más en las empresas, el sindicato diminuto, el que con cuatro votos (y a veces ni eso) se cuela por la puerta, planta bandera y actúa como si hubiera ganado las elecciones generales, en cuanto consiguen un delegado, ese personaje se transforma. Pasa de ser un compañero más, a creerse el sheriff del lugar y claro, empieza el espectáculo.
