Marine Le Pen ha sido condenada a cuatro años de prisión y cinco de inhabilitación por desvío de fondos europeos. La líder de la ultraderecha francesa, que acariciaba el poder con la yema de los dedos, queda así fuera de la ecuación política. Un golpe que, casualmente, llega en un momento clave, cuando su partido crecía en intención de voto y la sombra de un cambio en el Elíseo empezaba a inquietar a muchos.