La decisión de la Asociación Unificada de Guardias Civiles, AUGC, de llevar al Parlamento Europeo la situación que se vive en la frontera de Ceuta no debería sorprender a nadie. Lo verdaderamente sorprendente es que haya tenido que llegar hasta Bruselas una denuncia que en esta ciudad se escucha desde hace años: falta de medios, escasez de plantilla y agentes trabajando al límite mientras soportan una presión migratoria y del narcotráfico cada vez mayor.