Hay declaraciones que pueden interpretarse como una provocación diplomática y hay declaraciones que, directamente, retratan la ignorancia histórica de quien las pronuncia. Las últimas palabras del ministro de Justicia marroquí, Abdellatif Ouahbi, pertenecen a la segunda categoría. Afirmar que Ceuta y Melilla constituyen un supuesto «derecho histórico y geográfico» de Marruecos y reclamar que su soberanía vuelva a ponerse sobre la mesa cada vez que Madrid y Rabat se sienten a hablar no es una reivindicación razonable: es intentar convertir una ficción política en una verdad histórica. Y hacerlo precisamente ahora, después de la gravísima invasión sufrida por Ceuta, resulta todavía más desafiante para España y, sobre todo, para los ceutíes.