Mi Rincón
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Ceuta tiene apenas 19 kilómetros cuadrados, pero a veces parece que dentro de ellos caben dos ciudades completamente distintas. Está la Ceuta del centro, con sus servicios, sus inversiones y sus escaparates, y está la que comienza a medida que uno se aleja unos cuantos kilómetros. Príncipe Alfonso, Los Rosales, Hadú y otras barriadas llevan demasiado tiempo escuchando hablar de planes, proyectos y mejoras que muchas veces tardan años en convertirse en algo que pueda tocarse. No puede ser que en una ciudad tan pequeña el código postal siga condicionando tanto la calidad de vida.

Ceuta tiene apenas 19 kilómetros cuadrados, pero a veces parece que dentro de ellos caben dos ciudades completamente distintas. Está la Ceuta del centro, con sus servicios, sus inversiones y sus escaparates, y está la que comienza a medida que uno se aleja unos cuantos kilómetros. Príncipe Alfonso, Los Rosales, Hadú y otras barriadas llevan demasiado tiempo escuchando hablar de planes, proyectos y mejoras que muchas veces tardan años en convertirse en algo que pueda tocarse. No puede ser que en una ciudad tan pequeña el código postal siga condicionando tanto la calidad de vida.

Las diferencias no se solucionan colocando cuatro bancos nuevos, asfaltando una calle o pintando una fachada. Hablamos de equipamientos, limpieza, accesibilidad, transporte, oportunidades y espacios públicos dignos. Hablamos, en definitiva, de conseguir que cualquier ceutí sienta que recibe de su ciudad lo mismo viva donde viva. Porque resulta difícil presumir de transformación urbana mientras existen barrios que tienen la sensación, justificada o no, de contemplar esa transformación desde lejos.

Y después está el gran problema que Ceuta lleva años arrastrando: la vivienda. Los jóvenes pueden estudiar, trabajar y querer construir aquí su futuro, pero necesitan un sitio donde vivir sin hipotecar media vida para conseguirlo. La escasez de promociones públicas asequibles ha terminado convirtiendo algo tan básico como independizarse en una carrera de obstáculos. Y cuando una ciudad no ofrece vivienda a sus jóvenes, tarde o temprano termina empujándolos a buscar fuera el futuro que aquí no encuentran.

Ceuta necesita abordar de una vez un objetivo ambicioso: unas 3.000 viviendas entre VPO y VPP. No dentro de quince años ni mediante anuncios que se suceden de legislatura en legislatura. Hace falta suelo, planificación, inversión, colaboración entre administraciones y, sobre todo, empezar a construir. Tres mil viviendas significan tres mil oportunidades para familias, parejas y jóvenes que quieren quedarse. También significan empleo, actividad económica y nuevos barrios capaces de crecer con servicios adecuados desde el principio.

Tenemos solamente 19 kilómetros cuadrados. Precisamente por eso debería resultar insoportable que existan dos Ceutas dentro de un territorio tan pequeño. La cohesión de una ciudad no se mide por lo bonita que queda su avenida principal, sino por cómo se vive cuando uno se aleja de ella. Ceuta será realmente una sola ciudad cuando vivir en el centro o en una barriada deje de marcar la diferencia y cuando quedarse a vivir aquí vuelva a ser una posibilidad, y no un lujo.

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Ceuta, Jueves 01 de Octubre del 2026

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