La Sentencia
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Hay gente capaz de hacer negocio con cualquier cosa. Incluso con la necesidad de quien no tiene dónde dormir. La detención de la propietaria de una vivienda del Príncipe Alfonso, acusada de meter de forma clandestina y hacinada a migrantes en su casa, vuelve a sacar a la luz una realidad que seguramente no sorprenda demasiado a quienes conocen determinados rincones de Ceuta. Los pisos patera existen y detrás de ellos hay dinero. Mucho o poco, pero dinero al fin y al cabo.

Hay gente capaz de hacer negocio con cualquier cosa. Incluso con la necesidad de quien no tiene dónde dormir. La detención de la propietaria de una vivienda del Príncipe Alfonso, acusada de meter de forma clandestina y hacinada a migrantes en su casa, vuelve a sacar a la luz una realidad que seguramente no sorprenda demasiado a quienes conocen determinados rincones de Ceuta. Los pisos patera existen y detrás de ellos hay dinero. Mucho o poco, pero dinero al fin y al cabo.

Porque aquí no hablamos de solidaridad ni de abrir la puerta de casa a alguien que lo necesita. Hablamos, presuntamente, de cobrar por dormir amontonado, aprovechándose de personas que aceptan cualquier cosa porque apenas tienen otra opción. Y ahí está lo verdaderamente repugnante del asunto: hacer caja con la desesperación. Cuanto mayor es la necesidad de uno, más fácil resulta para otro aprovecharse de ella.

Ahora bien, sería ingenuo pensar que todo termina deteniendo a la propietaria de una vivienda. ¿Cuántos pisos patera más hay en Ceuta? ¿Cuántas personas viven hacinadas en casas, garajes, bajos o construcciones que difícilmente pasarían una inspección? Y, sobre todo, ¿nadie lo sabe? Porque hay situaciones que pueden esconderse durante unos días, pero resulta bastante más difícil creer que determinados negocios funcionen durante meses sin que nadie vea, escuche o sospeche nada.

El Príncipe no puede ser un lugar donde todo vale porque controlar sea más complicado. Allí vive muchísima gente honrada que paga sus impuestos, trabaja y quiere exactamente lo mismo que cualquier vecino de cualquier otra barriada: tranquilidad y seguridad. Precisamente por ellos debería haber más inspecciones, más control de las viviendas ilegales y menos costumbre de aparecer únicamente cuando el problema ya se ha hecho enorme.

La Policía ha tirado ahora de un hilo. Habrá que ver hasta dónde llega. Porque detrás del drama migratorio también ha nacido una economía clandestina de la que algunos pretenden sacar tajada. Y una cosa es ayudar a quien lo necesita y otra muy distinta ponerle precio a un rincón donde dormir porque sabes que no tiene dónde caerse muerto. Eso no es solidaridad. Eso es hacer negocio con la miseria.

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Ceuta, Miercoles 07 de Octubre del 2026

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