La Sentencia
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Lo ocurrido en el polideportivo del Príncipe es otra fotografía de una crisis que lleva demasiado tiempo gestionándose a golpe de urgencia. Más de 600 menores acudieron a unas instalaciones deportivas para ser filiados y el dispositivo terminó suspendido ante el desbordamiento. Cuando un trámite tan delicado como identificar y proteger a menores acaba convertido en una concentración imposible de gestionar, hay que preguntarse seriamente dónde termina la emergencia y dónde empieza la falta de planificación.

Lo ocurrido en el polideportivo del Príncipe es otra fotografía de una crisis que lleva demasiado tiempo gestionándose a golpe de urgencia. Más de 600 menores acudieron a unas instalaciones deportivas para ser filiados y el dispositivo terminó suspendido ante el desbordamiento. Cuando un trámite tan delicado como identificar y proteger a menores acaba convertido en una concentración imposible de gestionar, hay que preguntarse seriamente dónde termina la emergencia y dónde empieza la falta de planificación.

Porque Ceuta lleva dos meses viendo cómo lugares concebidos para otra cosa cambian de función según aprieta la crisis. Polideportivos, terrenos militares, parcelas portuarias y otros espacios han tenido que convertirse en recursos provisionales. El campamento del Muelle de Poniente llenó sus 1.700 plazas en apenas unas horas y Loma Margarita llegó a albergar a alrededor de 1.200 personas. Lo provisional corre el peligro de convertirse en permanente, y una ciudad de apenas 19 kilómetros cuadrados no puede vivir eternamente buscando el siguiente rincón donde colocar una nueva emergencia.

Y hay algo que tampoco debería olvidarse: cada instalación que se ocupa tiene una función para los ceutíes. Un polideportivo es para los niños del barrio, para los clubes, para entrenar y para hacer comunidad. Un espacio público no puede perder indefinidamente su finalidad porque el Estado no consiga articular recursos suficientes fuera de Ceuta. La propia crisis ya ha alterado actividades e instalaciones deportivas de la ciudad. Atender dignamente a quien lo necesita es una obligación, pero proteger la normalidad cotidiana de los barrios también lo es.

La solución tampoco puede reducirse a reclamar la expulsión indiscriminada de “todos”, porque cada caso está sometido a la legislación de extranjería, asilo y protección de menores. Eso no impide exigir mucha más agilidad en las identificaciones, en los retornos que legalmente procedan, en las reagrupaciones familiares y en los traslados de quienes deban permanecer bajo protección. Dos meses después de la entrada masiva, las devoluciones y la salida de personas de Ceuta siguen avanzando a un ritmo muy inferior al de aquella emergencia.

Ceuta necesita dejar de ser el lugar donde la improvisación encuentra siempre unos metros cuadrados disponibles. No hacen falta más parches encadenados, sino una estrategia estable que permita recuperar polideportivos, playas, espacios públicos y barrios para aquello para lo que fueron concebidos. La emergencia puede justificar medidas excepcionales durante unos días; convertir la excepcionalidad en paisaje cotidiano es otra cosa. Y los ceutíes tienen derecho a preguntar hasta cuándo.

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Ceuta, Sábado 03 de Octubre del 2026

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