Es triste y vergonzoso ver cómo un centro educativo puede convertirse en el reflejo más crudo de la dejadez de quienes gobiernan. El CEIP Ramón y Cajal no es un caso aislado; es el ejemplo palpable de cómo la inacción y la falta de planificación pueden afectar directamente a la infancia. Lo que vemos hoy no es fruto del azar: es consecuencia de años de promesas incumplidas y presupuestos que nunca llegan a donde deberían.
