Que los médicos de Ceuta hayan tenido que acudir a la Delegación del Gobierno para que alguien los escuche debería sonarnos alarmante. La huelga médica de diciembre no fue un capricho: fue un grito de auxilio de profesionales que sufren presiones, amenazas y coacciones simplemente por defender sus derechos laborales. Si esto se confirma, estamos ante un atentado directo contra la dignidad y la libertad de quienes nos cuidan.
