Haber nacido y crecido en Ceuta es un privilegio, lo reconozco con orgullo, aunque desgraciadamente no suele ser motivo suficiente para querer quedarse en esta ciudad, y esto es igual de cierto que decir que no ser de Ceuta tampoco es una razón que no amarla. Conozco a muchos ceutíes de adopción que me consta que les gusta vivir aquí y trabajan por hacer lo mejor para ella.
