Las empresas públicas, con cada día que transcurre tengo muy claro quien no debe gestionarlas y me refiero a los políticos. Un mal endémico que hace que muchas de ellas no prosperen adecuadamente arrojando dividendos en negativo. La gobernanza de las mismas deberían pasar por la separación de propietarios y gestores, como la obligación de hacerlas rentables, pasando por modelos de nombramientos de directivos formados en gestión de empresas que no sean influenciables por las decisiones de los políticos de turno.
