Mientras los satélites estadounidenses sobrevuelan Groenlandia calculando futuros minerales, tropas rusas cruzan discretamente la frontera norte de Kazajstán. Al otro lado del mundo, portaaviones chinos rodean Taiwán. En Washington, nadie quiere hablar de guerra. En Bruselas, nadie sabe qué hacer. Y el granjero de Iowa sólo quiere que el maíz no suba de precio.
