La corrupción ya no se esconde en sobres ni en maletines. Ahora viste traje institucional, firma subvenciones y se parapeta tras ministerios y aforamientos exprés. Es la corrupción del siglo XXI: blanqueada, blindada y legitimada por el relato. Y el epicentro de este nuevo clientelismo está en la familia del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez.
