La muerte de Charlie Kirk no fue solo un ataque contra un hombre; fue un ataque contra la libertad, contra la fe y contra el espíritu mismo de un pueblo que todavía cree en Dios y en la verdad. Y, sin embargo, lo que ha conmovido al mundo no ha sido únicamente la brutalidad del crimen, sino la respuesta inesperada, inconmensurable y luminosa de su viuda, Erika Kirk.
