Otro año más los gestores penitenciarios afrontaron el ritual de la celebración del día de prisiones el pasado jueves 22, con la misma sonrisa de cartón de todos los años y con un torrente de palabras vacías que nos cuentan lo mucho y bien que lo hacen. Cuesta trabajo ver el día a día de prisiones en estos fastos recurrentes, llenos de medallas para gente que nada tiene que ver y nada hacen por mejorar el sistema penitenciario. Los obreros del sistema, las trabajadoras y trabajadores penitenciarios somos meros convidados de piedra, figurantes para mayor gloria de tan insignes personajes. En el confort de su realidad paralela, volvieron a celebrar la Merced este año, medallas, vinos, palabrería vacía, festejos oscuros que no pueden ocultar las llamas de un incendio que consume una Institución del Estado que no merece tanta degradación.