Esta semana Juan Jesús Vivas ha vuelto a ocupar la primera línea informativa. Ha dado la cara ante una avalancha migratoria que sus propias palabras describieron como sin precedentes, ha pedido al Gobierno central la declaración de emergencia nacional y ha denunciado que los centros de menores de la ciudad llegaron a rozar el 1.600% de su capacidad. Es una foto que le favorece: el presidente que planta cara, que exige, que no se esconde. Y hay que reconocérselo sin regateos: en plena crisis, Vivas ha estado ahí, visible, reclamando ayuda para una ciudad desbordada.
