Cuando se piensa en el tema de Cataluña vienen a la cabeza frases populares del tipo “no hay mal que cien años dure” o, siendo más positivos, “no hay mal que por bien no venga”. Hace poco más de un año la mayor parte de los españoles conteníamos la respiración ante el desafío independentista. Pero algo hermoso trajo como consecuencia la constante falta de respeto a las reglas democráticas de la que hacían gala los líderes catalanes un día sí y otro también.
