Hay cosas cuantificables, con un coste que se puede medir, susceptibles de ser valoradas económicamente. Hay otras cuyo coste no es cuantificable, porque afectan anímicamente, a nuestra confianza, a la convivencia, al prestigio, al tiempo que perdemos o a nuestros sentimientos. Es cuando se unen los dos costes cuando la factura se eleva de manera indecente.
