Frágil y desprotegido. Aunque pocos elegirían estos dos adjetivos para describir el mar, ese que tantas veces ha conseguido aislar a Ceuta de la península y cuyas olas embravecidas juegan a su antojo con el ir y venir de pasajeros por el Estrecho, la realidad es que el medio marino está desamparado ante la falta de concienciación por parte del ser humano. El hombre, en su afán de progreso, se ha olvidado de que el mar no es un lugar donde desechar su basura y todo aquello que le pueda sobrar.
