A través del acto redentor de Jesús de Nazaret en la cruz, se evitó una disolución ulterior de todas las formas. Cristo no murió como un cordero de sacrificio para un Dios iracundo, como lo exponen las Iglesias, sino que Él murió en la fidelidad de Su tarea ante el Padre, porque los hombres no aceptaron Su mensaje. Y para evitar que continuara un desarrollo de la humanidad hacia lo inferior, Él puso Su amor en forma del destello redentor a disposición de todas las almas y hombres. De este modo Él concedió a cada hombre y a cada alma la fuerza para regresar libremente a Dios.
