A media mañana, el de Portoplano emergió de su lugar-casa, hacia los lugares de la sociedad-pueblo, en ellos tenía que intercambiar monedad por utensilios y artefactos y realidades y entidades, especialmente energía en forma de vegetales… Siempre observando, siempre intentando pasar desapercibido, siempre meditando, siempre pensando, siempre en el silencio y en la sinfonía de los ojos. Aquí somos y aquí hemos caído. En la penumbra del mar y de las estrellas.
