Al irse a acostar, el de Portoplano, recordaba a sus seres queridos, ya desde hace meses o años o décadas, que habían dado el último viaje, el último tránsito. El de Portoplano, deseaba y esperaba que hubiese Otro Mundo y el Buen Dios, y que sus seres queridos estuviesen en el Lado Bueno de la Eternidad.
