En esta serie de columnas que estoy pergeñando sobre humor gráfico, humoristas, museos del humor y aledaños, le ha tocado hoy la vaina a Kalikatres.
En esta serie de columnas que estoy pergeñando sobre humor gráfico, humoristas, museos del humor y aledaños, le ha tocado hoy la vaina a Kalikatres.
En este mes de julio del 2021 en el que se ha conmemorado la efeméride de lo acontecido en la Campaña de Melilla de 1921 durante los meses de julio y agosto, hechos que supusieron la caida del despliegue del Ejército español en la Zona Oriental de nuestro Protectorado en Marruecos provocando miles de muertos y heridos, no nos debemos olvidar de aquellos otros nacionales, civiles y militares, que durante un tiempo quizas excesivo permanecieron prisioneros en la zona de Alhucemas, corazón del levantamiento rifeño, y donde también muchos de ellos encontrarían la muerte en aquella tierra lejos de sus seres queridos.
Hoy un placer inunda mi mundano cuerpo. No lo niego. Es un placer milenario, recuperado del antiguo Egipto donde mi labor de hoy cobraba una importancia suprema ante el regocijo del baño en una piscina de deleitantes y ancestrales pictogramas. Hoy destila el Leo Magister su sapiencia concreta, antídoto social de Higea, deslizando ese conocimiento por las curtidas manos de mi persona. El amanuense.
Dicen que por razones subjetivas-afectivas, Alfred Nobel no quiso otorgar una categoría a las matemáticas, esto ha llevado por un lado, que muchos premios han querido ocupar el mismo puesto de notoriedad mundial.
He querido dejar pasar unos días, deliberadamente, desde que se iniciaron las protestas contra la dictadura cubana para así desprenderme de cualquier halo de pasión y de cualquier camisa de fanatismo que pudiera entretejerse en mis argumentos para analizar la situación de Cuba en estos momentos, sus orígenes y consecuencias. Esta premisa no ha sido involuntaria.