La tragedia golpeó Málaga de madrugada, cuando casi todo el mundo dormía. Eran las cinco y media de la mañana cuando un subinspector de la Policía Nacional, de 48 años y padre de dos hijos, volvía a casa tras acabar su turno de noche. Pero jamás llegó. Un coche que huía a toda velocidad en dirección contraria por la A-7, ocupado por tres ladrones que acababan de robar una farmacia, chocó frontalmente contra él. Murieron los cuatro. Pero solo uno era inocente. Solo uno era un héroe.