Otra vez volvemos al eterno culebrón del Estrecho. Baleària y DFDS se reparten lo que queda de Armas Trasmediterránea con grandes palabras de “cohesión territorial” y “modernización de servicios”. Pero lo que viven los pasajeros es muy distinto: precios desorbitados para recorrer apenas 14 kilómetros de mar y un servicio que deja mucho que desear. El pasado sábado lo vimos claro, cuando decenas de aficionados del Sporting de Gijón se quedaron tirados en Algeciras tras la cancelación de hasta tres salidas. Todo un ejemplo de cómo se maltrata a los usuarios mientras las navieras se reparten el pastel.